16 de septiembre de 2017

Emprendimiento paisa

La expansión del "todo a..."

Desde el año 2013 Popayán ha visto surgir en la ciudad una creciente ola de negocios de todo a dos mil, cinco mil o diez mil. A menudo estas son organizaciones de carácter familiar, que buscan expandirse por todo el territorio nacional. Muchos payaneses compran con frecuencia en estos locales, pero en realidad lo que se sabe de ellos es muy poco. 

Por. Natalia Zuluaga Castillo

 

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El fenómeno del “todo a…” comenzó con negocios que ofrecían todos sus productos a 1.000 y 2.000 pero pronto abarcaron otros precios.

 

Cristian Ramírez, un joven antioqueño de veinticinco años, busca apresurado en el canguro que lleva sobre sus caderas un juego de llaves para abrir el negocio. Ya son las nueve de la mañana y el todo a dos mil de al lado, lleva más de quince minutos abierto. Hoy de nuevo le cogió la tarde. Sube el portón de seguridad y junto a una empleada prepara la mercancía, saca cajas de diferentes artículos, cuelga algunas prendas de ropa y por supuesto prende la radio: la música es siempre su fiel compañera. 

Al cabo de unos minutos el negocio está listo para recibir al público, el todo a dos mil que el joven antioqueño dirige entra a la competencia con los otros trece establecimientos del mismo tipo que se encuentran en el mismo sector, algunos que se mueven en su mismo rango de precios y otros que ofrecen  todo a mil, todo a cinco mil y todo a diez mil.

El fenómeno del “todo a…” se viene dando en Popayán desde hace varios años. El primero en llegar a la ciudad, según la Cámara de Comercio del Cauca, fue precisamente el todo a dos mil ubicado al lado del negoció de Cristian. Este local está dirigido por  ‘la caleña’ quien prefirió no revelar su nombre. Sin embargo, el almacén que  administra fue fundado por su cuñado, un paisa “muy emprendedor”

Daniel Martínez, estudiante de economía, afirma que estas nuevas formas de mercado se caracterizan básicamente por ofrecer productos de bajo costo que generalmente no son de primera necesidad y  que vienen importados de países como China. 

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En los últimos años Popayán ha sufrido la  rápida expansión de este tipo de locales sobre todo en el centro histórico; la Cámara de Comercio del Cauca registra en su base de datos trece establecimientos que funcionan como negocios de “todo a…” los cuales  son agrupados junto a las misceláneas o cacharrerías bajo el código SIUD 4719.  

“Nosotros fuimos los primeros, luego  esto se inundó de puro comercio igual”, manifiesta ‘la caleña’, mientras un hombre de mediana edad no deja de repetirle la misma pregunta:

–¿Cuánto vale este par de cepillos, señorita?

–Dos mil.

–¿Y esto?

–También dos mil.

–¿Esto de acá también?

–Sí, todo le vale dos mil, señor.

Para ella lo más difícil de este trabajo es atender a los clientes. Niños mal educados que van de aquí para allá dañando y tocando la preciada mercancía, madres que no corrigen a sus hijos, personas impacientes que gritan, no piden permiso y tratan mal a las vendedoras. “No hay educación, no hay respeto, no hay nada”, dice ‘la caleña’, algo sulfurada por el sabor amargo que le trae recordar esas malas experiencias.

Sin embargo, un local más allá,  al ritmo de Nicky Jam y la canción “Si tú no estás”, Cristian asegura que los patojos son “chéveres”. Mientras habla deja notar su marcado acento paisa; él nació en Marinilla, un municipio situado en la subregión oriente del departamento de Antioquia. 

Al hablar de Marinilla el rostro del paisa se ilumina  y deja ver una amplia sonrisa. Pero Cristian no ostenta este orgullo solo: el dueño del todo a mil y dos mil del otro lado de la calle es un hermano y cuadras más abajo frente al Anarkos en el “todo a mil, dos mil y tres mil” está su primo. Todos vienen de Marinilla, por esta razón al joven no le preocupa demasiado la competencia manifestando que “da igual porque somos familia”.

En la calle 6 # 9-51 se ubica “todo remates a  cinco mil traído directamente desde Medellín”. Andrés Gómez es el dueño de este establecimiento y  pareciera que lo único que no comparte con Cristian es el apellido y que no nació en Marinilla si no en Medellín. Con unos grandes  ojos azules y un cabello tan rubio como el oro, Andrés tiene un local del mismo tipo que Cristian,  cree que los caucanos son “buena gente”, le gusta mucho el clima de la ciudad y lo suyo es un negocio de familia. Sus palabras viajan a través de un espacio silencioso que refleja la calma antes de la tormenta, pues en poco tiempo se harán las diez de la mañana y el local se llenará de personas ansiosas por comprar.

Tanto Andrés como Cristian, el cuñado de ‘la caleña’ y el dueño del todo a cinco mil y diez mil ubicado al lado de Juan Valdez –que, a propósito, también es paisa– llaman a sus negocios “sucursales”,  pues se encuentran ligados a otros que poseen en diferentes ciudades del país como Cali y Medellín. Todos los locales son administrados por parientes suyos: primos, hermanos, cuñados, sobrinos, tíos o cualquiera al que le corra la misma sangre por las venas.

El negocio del “todo a…” es así una cosa netamente  familiar y de movimiento,  ya que siempre se están buscando nuevos lugares y nuevas “plazas” donde un todo a mil o a cinco a mil no exista, o tal vez donde no haya llegado aún un paisa que cargue a cuestas con la idea.

Aunque el centro de Popayán se ha llenado de estos negocios, todos venden y siguen siendo muy rentables. Cristian examina la mercancía de su local, recorre con sus ojos verdes cosa por cosa, mientras calla un rato largo. Finalmente y sonriendo tal vez por el éxito, concluye que no hay nada de su almacén que la gente en Popayán no compre. Desde blusas y moñas hasta pollos de plástico todo se vende muy bien, aunque, claro, no con el mismo ritmo; hay productos que tardan más tiempo en salir de la tienda que otros.

Sin embargo, la estudiante de décimo semestre de economía, Patricia Zambrano, considera que la rentabilidad de este tipo de negocios reside en la importación de la mercancía más que en la demanda de la misma o el interés que pueda tener el  cliente hacia ella. Los productos que se ofrecen en los “todo a” son traídos principalmente de China en donde los costos de producción son muy bajos y la mano de obra resulta muy barata, lo que permite la venta de la mercancía al por mayor a precios increíblemente bajos. Los dueños de los “todo a” importan la mercancía, esta llega a las bodegas centrales en Medellín y de ahí es distribuida al resto de almacenes por todo el país.

Patricia deja ver en sus palabras un tono de preocupación, pues China se ha convertido en el segundo país más importante para las importaciones  colombianas, el 11.3% de la totalidad de compras de bienes en el exterior provienen del gigante asiático, con precios más bajos, lo que genera una disminución en las ganancias del país.

La mercancía que con tanto orgullo Cristian observa a su alrededor y vende, es la preocupación de Patricia y de muchas otras personas que creen que detrás de este tipo de negocios existen redes de contrabando. Heber Rodríguez, analista de la división de fiscalización de la DIAN, afirma que el proceso de control de la mercancía en estos establecimientos es muy complejo y sobre todo muy dispendioso.

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Para que cualquier tipo de mercancía que entre al país sea legal, debe haber atravesado el proceso de importación. A través de los operativos de aduanas, la DIAN controla la legalidad de la mercancía. “Se llega a un establecimiento de comercio que venda cualquier artículo de procedencia extranjera y normalmente se verifica que esos artículos tengan declaraciones de importación y que a su vez, si el dueño no es el importador, que tenga facturas de compra”, dice Rodríguez. A menudo los dueños de los locales poseen las facturas de compra pero no las declaraciones  de importación, así que la DIAN les da un plazo máximo en el cual deben conseguir el documento que hace falta.

Pero el verdadero problema de control en los negocios de “todo a…” está en el manejo de las referencias, aunque cada artículo debe contar con una referencia específica, lo que sucede generalmente es que existen dos referencias diferentes para cada producto. La primera viene desde China y está inscrita en la caja en la que ha sido empacado al por mayor el artículo y la segunda es la referencia interna que maneja cada establecimiento después de la llegada de la mercancía a Colombia. Para verificar la legalidad de los objetos que se venden en el almacén y su paso por el proceso de importación,  primero se debe buscar la referencia interna y posteriormente su correspondencia con la referencia China. 

Heber Rodríguez, analista de la Dian, manifiesta que “la dificultad es la minucia de referencias, cada artículo posee una referencia distinta y es ahí donde se dificulta muchísimo, en un establecimiento de esos pequeños uno puede encontrar entre  300 o 200 referencias”. Esto implica que el proceso de control y verificación de cada producto se vuelva casi imposible. Entonces, para la fiscalización de la mercancía lo que generalmente se hace es un control aleatorio, en donde se verifica la legalidad de algunos productos elegidos al azar.

La dificultad del proceso de verificación contribuye ampliamente a la imagen negativa y de contrabando que se forma alrededor de los establecimientos de “todo a…”.  Sin embargo, nada ni nadie ha logrado frenar el crecimiento y la propagación de estos locales por todo el país, pues se multiplican como si fueran conejos y se han convertido en todo un fenómeno nacional. Un día cualquiera apareció un todo a dos mil en el centro histórico, luego otro y otro, hasta que la calle se llenó de negocios que venden “todo a…”. Un día cualquiera, un paisa de veinticinco años llegó con sus maletas desde Marinilla a Popayán siguiendo los pasos de su hermano y en un día no muy lejano volverá a tomar sus maletas y se irá buscando un nuevo destino.

Ciudades como Cali y Medellín que ya han vivido el boom de “todo a…” están atestadas de establecimientos de este tipo. En Cali ya casi hay uno por barrio. María José Folleco, estudiante de periodismo en la Universidad de Antioquia, asegura que comparados a los locales de Popayán, los “todo a…” de Medellín son gigantes pues “tienen  el tamaño de bodegas y garajes”.  Si bien hay muchas ciudades que ya viven el furor del “todo a…” como Bogotá y Barranquilla, existen otras ajenas a él: Pasto parece aún no ser alcanzada por las franquicias paisas.

Precisamente Andrés Gómez y Cristian Ramírez tienen como objetivo próximo Pasto. Cristian volverá a hacer sus maletas, empacará lo necesario para vivir lejos y dejará el clima que tanto le gusta, a los patojos “chéveres” y a su hermano al otro lado de la calle, despidiéndose así de la poca familia que aún le quedaba cerca, para dirigirse a Pasto, una ciudad más comercial y más fría. Su puesto en Popayán lo tomará un primo suyo que viene también de Marinilla. No se sabe cuándo, pero un día de estos, aunque no quiera, Cristian tendrá que levantarse temprano y como lo hizo alguna vez en  Marinilla, dejará todo lo que conoce para embarcarse en una nueva misión familiar del “todo a…”. Que se prepare Pasto porque la ola paisa se avecina.