16 de septiembre 2017 

Testimonio

“Es duro empezar de cero”

Don Rodolfo, un campesino de Almaguer, Cauca en situación de desplazamiento forzado, es una persona más en la lista de “olvidados” por el gobierno. Actualmente vive con su hermano en la comuna 7, en el asentamiento la Fortaleza al suroccidente de Popayán. Aquí, el testimonio de su tragedia, que es la de muchos en este país.

 Por: Paula Lara Rodríguez

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El proceso fue duro cuando llegamos. El alcalde a ninguno nos colaboró. Yo por ejemplo trabajé y allá está la tierra. Está abandonada la casa nuevita, está en medio del monte. Allá lo volvieron nada, las puertas están marcadas de plomo. Y todavía hay huellas de lo que he trabajado.

Yo anteriormente vendía cerveza en una cantina, trabajé catorce años ahí. De eso fui ahorrando, ahorrando, hasta que me compré una tierra. Por ahí más o menos diez hectáreas con el decir que cuando estuviera viejo me iban a servir. Soy del municipio de Almaguer, en la tierra Tarabita, el silencio de rumbo morado.

Resulta que yo compré eso porque no tenía dónde trabajar, yo no tenía nada, empecé de cero. Yo no pensé que de pronto me iba a ir mal en eso. Allá la gente ve la plata es sembrando coquita ¿no?, claro que uno como cultivador no se vuelve rico. Eso no se gana. Le queda lo que se come. Yo me puse a sembrar. En eso llega un señor diciendo que había una reunión en la escuela donde tenía a la niña estudiando. No sabía de qué se trataba la reunión. Era para que todos los que habíamos sembrado nos pusieran una cuota, a todos: sembradores y recogedores. Entonces yo le pregunté que de cuánto iba a quedar eso. Respondió que cada cosecha teníamos que aportar tres millones. Le dije que era bastante plata y que yo tenía poquita. Me contestó que él ya había mirado la tierra mía y que podía sembrar en todo eso y que le diera. Le dije “vea es que yo no tengo plata para pagar eso, es un poco de plata”. Me contestó que si yo no quería colaborar era otra cosa.

Me puse a pensar y yo no tenía esa plata para pagar. El día lunes lo busqué, le dije: “amigo”, lo saludé con buenas palabras. Casi no me contesta. Y le dije “vea, por qué no hacemos una cosa, yo me comprometo a pagarle millón y medio cada cosecha, cada tres meses que da. Así me dé el agua al pescuezo, si no tengo, yo me los consigo”.

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Me dijo que él no me estaba vendiendo nada sino que estaba pidiendo una cuota, que si yo no quería colaborar era otra cosa. Me puse a pensar ¿qué hago?, ¿dónde me levanto toda esa plata? A veces se pone a quince o veinte mil pesos la arroba y no  hay plata, y toca pagarle a esa gente. ¿De dónde uno va a ir a sacar?, ¿dónde uno va a buscar esa plata para pagar? Me puse a pensar y llegué a la casa y le dije a la mujer: “yo me voy, ese man no quiso ni oír. Yo me voy”. Me dijo la mujer: “pues yo también me voy”.

Dejé botando dos caballos que tenía de cargar, unas vaquitas, los perros y como cincuenta gallinas. Después me volví escondido a sacar gallinas. Y los caballos los dejé por allá donde un amigo. Luego me tocó llamar para que me los vendiera él como pudiera y me girara la plata. Acá en la ciudad teníamos que pagar arriendo y comprar comida.

Esa gente cuando llegó supuestamente nos iba a ayudar. Que iban a sacar la cara por nosotros. Yo creí que era cierto. Nos ayudaron pero a salir de allá. El que tiene plata se queda y el que no, tiene que irse. Una sola cuota que uno les quede debiendo lo mandan a liquidar. Por eso me tocó venirme. Como dice el dicho: a vivir o a morir. Y gracias a Dios estoy vivo.

Tan de malas que solo los primeros días nos dieron ayuda por ser desplazados. Me dieron platos, cucharas, dos bonos de remesas y una sola ayuda de seiscientos mil y otra de doscientos mil pesos. Y ahora si crúcese porque no me han dado más. Llevo seis años de desplazado. Yo sí tengo los papeles de desplazado. Me salió la vivienda del Ortigal y por la escritura de la tierra que tengo allá no me dieron vivienda, y por eso estoy aquí en La fortaleza.

Me dijeron que estaba rechazado por la escritura, entonces metí la escritura a restitución de tierras. Ya lleva cuatro años la escritura allá. No me han dicho nada. Que espere, que eso es un proceso y que la fiscalía tiene que ir allá. No es más lo que me dicen. Estamos esperando que la Fiscalía vaya y hagamos el proceso y ya. Pero dizque eso dura diez años y yo ya en esos años estoy muerto. Estamos es esperando eso, la restitución de tierras que el gobierno tanto nos “garantiza”.

Hace un año y medio una moto me rompió la pata, y también debido a eso tengo dos platinas en el hueso del hombro. No puedo trabajar. La ayuda también se perdió. Solamente tengo la ayuda humanitaria que son ciento veinte mil pesos cada dos meses. A ratos me siento mal por lo que no puedo trabajar y mi familia allá está mal. Yo no les digo mándenme porque están mal.

El que me accidentó dijo que no tenía plata para darme porque no tenía trabajo. Entonces ¿por qué la ley deja manejar un tipo sin papeles, sin nada? Yo le dije al doctor de la Fiscalía: “hágame el favor y archive eso”, porque era cada ocho días venga a la Fiscalía para decirme lo mismo.

Nos vinimos a Popayán por el clima, aquí es agradable para vivir, así sufra uno. Del hambre no me he dejado morir, los vecinos también colaboran. Tengo sesenta y ocho años,  ¿quién me da trabajo? Por la edad nadie me da trabajo. Fui a una finca y me pusieron a desyerbar y yo no pude agacharme por lo del accidente. No pude con una sola mano, me tocó volverme. Y estoy aquí.

Llegué a la ciudad en el 2011, ya llevo seis años. Yo estuve un año pagando arriendo con la señora, la niña, un hijo y un hermano. Ahora vivo con el hermano, él es el que me mantiene. Él va a ganar a la galería y es quien me ayuda. 

Un amigo de aquí de la ciudad me dijo que estaban invadiendo lotes, que él me ayudaba a hablar. Que la que estaba haciendo los papeles era una amiga suya. Entonces él le dijo a la señora, “vea, sepáremele un lote aquí a mi amigo que él es de Almaguer, de al lado de Bolívar”. Él es desplazado.

Ella me dijo que le ayudara a parar unas estacas y esas estacas es donde ahora vivo. Me dijo “cómprese un plástico y a pelear”. Porque esto aquí como unas cuatro veces nos han desalojado. Eso nos quemaban los plásticos y las guaduas. Luego yo hice una cama de palo y ahí dormía. La familia estaba en arriendo, yo no los podía traer a este plástico porque esto se enlagunaba. Dormíamos encima de una laguna. Ahora nos da miedo por si se da una avalancha de allá arriba, del Túnel. Estamos en peligro. Cada que llueve, el agua viene para acá dentro y toca tener las cositas en lo alto.

La doctora de restitución de tierras me dijo y ¿usted no quiere volver?, y le dije ¿para qué? Yo trabajé toda mi vida en la finca cuando era mocito, ahora así, todo mal herido, si acaso puedo andar. La mujer se fue por allá a ganar algo de dinero. Ellos vienen y se van porque aquí es duro para trabajar. Yo he querido hacer un préstamo para hacerme un negocio pero no hay con quien. Pero aquí vamos, jugando a la ruleta, vamos despacio.

La música como refugio

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Puedo tocar guitarra y cantar. Yo he sido un tipo que le he entrado a todo. A un amigo le templé la guitarra y le dije que le iba a enseñar los tonos y luego a desarrollar. El aprendió rapidito y nos conseguimos otra guitarra. Nos hicimos una charrasca con un totumo y nos agarramos a tocar. Nos invitaron a una emisora, nos dieron almuerzo y grabamos un cd. Por esos cocales se escuchaba solo eso, echando pala y escuchando la radio. También fuimos a La Vega a una feria y me inventé un tema, es duro. Con ese tema nos ganamos un piano y cuatrocientos mil pesos. “El animal”, así titula. Yo tengo mi requinto aquí, no me falta nunca.

Yo de aquí ya no me voy, a menos que nos saquen con las patas de adelante para el cementerio. Lo que sí nos tiene aburridos es cuando se llueve. Antes el caño no se lo aguantaba nadie. La junta recogió esas aguas negras de la quebrada Pubús porque los niños vivían con gripa y fiebre por la fetidez del caño, ahora ya no.  

Ojalá el gobierno nos saque una vivienda para poder vivir bien. Yo ya no puedo volver a mi tierra, porque ya no puedo trabajar y esa gente está ahí. El gobierno no ha arreglado nada con ellos, no han querido negociar. A uno lo tienen al rojo porque no se colaboró. No tuve la forma de colaborar. Como dijo el que me accidentó: “¿De dónde iba a robar pa’ darles?”. Gracias a Dios mi mamá nos crio trabajando a todos.

 Yo he sido pobre. Vea, yo empecé de cero. En mi finca tenía todo. La unión familiar y comida. Tenía yuca, fríjol, guineo, maíz, plátano, unos racimotes, hasta que me vine. Yo vendí todo. Es duro el cambio. Tener que dejar usted todo lo que consiguió con sudor y sacrificio y que a nadie se le quitó un peso a la mala. Yo viví muy bonito allá, conseguí plata, compré mi tierra, hice mi casa, vivía bien. Pero llegaron las cuotas y tuve que huir. Antes de venirme me paré en frente de unos palos de mango de mi casa para ver esa finca tan bonita, con comida y todo, animales, todo. Nunca comprábamos una gallina, porque teníamos más de cincuenta de campo. Me agarré a llorar porque me tocaba dejar abandonado. Es duro para desprenderse.                                                                                                                                                                             

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Es duro para empezar de cero. Y pues ahora no tengo nada, apenas la neverita. Con los animalitos que vendí me compré la nevera. Y aquí esto y haciéndole frente.

Aquí en Popayán es bonito para vivir, gente buena, clima bueno. Cuando me enfermé no me dejaron morir, me tenían aturdido en comida. Los vecinos me han colaborado. Todos los ranchos colaboran para alguna actividad. De grano en grano la gallina llena el buche. De mil pesos colaboramos para lo del Putumayo, nadie se niega, todos dan. No tenemos plata, pero mil pesos no se le niega a nadie. Aquí todos somos amigos, todos nos relajamos. Vivo muy bonito, aunque viva en este rancho de costalilla.

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