La simbiosis de dos personalidades en una mujer

Niña y mujer habitando el mismo cuerpo

Cuando una mujer con una leve discapacidad mental puede encapsular su inocencia por más de que le corran los años y convertirse en un ser libre de algunos paradigmas de la actualidad.

Por: Alejandra Sandoval D

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Imagínese usted una mujer de 55 años en el cuerpo de una niña de 12. Una niña que no cambia sus faldas largas con enagua por nada del mundo, que le pide permiso a su papá cada domingo para ir a visitar a su novio de la otra cuadra, que ríe con tanto entusiasmo como si no le diera pena, como si estuviera descubriendo el mundo en cada paso que da y al hacerlo sonríe.

Eso es Mirtha Estela, una niña, una mujer que nació con un leve retraso mental que le impidió realizar estudios posteriores al bachillerato, pues se le dificulta comprender la vida más allá de las dinámicas básicas a las que estaba acostumbrada en su pueblo, en el que no tenía que usar transporte público, solo caminaba unas cuentas cuadras y llegaba a cualquier sitio que deseara. Las visitas a las vecinas y el rumor eran el pan de cada día, ir al mercado y pasarse horas comentando los problemas de las personas hacían parte de su rutina cotidiana y lo sigue siendo. No hay día en que la vea y no cuente alguna situación: “se acuerda de Juanito, sí el de la familia flores, si supiera que anda en el hospital, pobre muchacho…”
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Mirthica, como le dicen, no oye bien y mucho menos por teléfono, por eso cuando suena, ella prefiere no contestar así sea la única en la casa porque sabe que los demás tendrán que gritarle y eso los hará burlarse de ella. Además la falta de escucha también se ha prestado muchas veces para malos entendidos, cuando le dicen que compre arroz y llega con harina. Es curioso cuando con una sonrisa recibe a sus sobrinos con un abrazo, y les dice: “chico, no coma tanto que si sigue creciendo ya no va a caber en la casa”

 Pero no se atrevan a confundir su ingenuidad y a veces inocencia con la ausencia de emociones de una mujer de su edad. Es más, su particular forma de ver la vida la hace vivir todo con más intensidad, sorprenderse de las pequeñas cosas, disfrutar de cada paseo como si fuera una excursión a tierras lejanas lejos de su zona de confort. Y es que en cuanto a sus sentimientos amorosos no es diferente a cualquier mujer, ama y quiere ser amada, la diferencia es que para ella ese aún es un tema tabú y solo ríe cuando le preguntan: ¿cuándo va a llevar a su novio Víctor a presentar a la casa?, o ¿para cuándo es el matrimonio? Entonces se sonroja y cambia de tema. En realidad nadie sabe qué hace cada domingo cuando se va de visita, solo se sabe que es el único día en que su papá le da permiso, o al menos no reniega porque se va a “callejiar” todo el día. 

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Qué más se puede decir de Mirthica, una mujer de alma noble, con sentimientos de niña: su apariencia personal es tan característica que es imposible confundirla a metros de distancia, nunca ha querido cambiar sus faldas debajo de la rodilla con enaguas de colores. Usa camisas casi siempre holgadas por dentro de la falta, unas chanclitas sencillas y su cabello recogido. Cualquier intento de cambiarla ha sido nulo. Un día en el salón de belleza no ha sido más que eso, un día, porque al siguiente regresa a su esencia, pues para ella es terriblemente fastidioso tener el cabello en la cara, andar con pantalón sería casi que ir contra sus principios y nada más cómodo que sus chanclas para las visitas de largas caminatas.

Qué fortuna vivir a su manera, qué placer conocer a personas que gozan de lo simple y que con sus particularidades contagian de emociones positivas a los demás. Cada quién vive en el mundo que construye y cada acción contribuye a las realidades que habitamos.

 

 

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