Conflicto armado

Crecí en medio de la guerra

María es una jovencita del sur del Cauca que vivió la guerra desde sus entrañas. Una guerra que ha involucrado más de 14 mil menores de edad en Colombia y una experiencia imborrable para todas sus víctimas.

Por: Nicole Ferrin 


guerraniñosSoy de Sucre, pero mi papá decidió comprar una finca por allá en Brisas, Patía, cuando yo tenía siete años. Por allá es zona roja, es zona guerrillera. Al principio que yo llegué había enfrentamientos, eso era ¡horrible!

Allá todos, ¡todos vivían de la coca! excepto los evangélicos. No, incluso hasta algunos evangélicos. Mi papá no, porque el cultivaba café y caña, nosotros cultivábamos plátano, porque como había tanta plata porque había tanta coca, nadie sembraba plátano, ni yuca ni nada; entonces nosotros sí sembrábamos eso para vender. Y todos ahí en ese pueblo eran, no sé si evangélicos, algunos han de ser ¿no?, porque ahí se vivía era de eso. Allá no era raro ver nada de esas cosas, los laboratorios, ni el olor a gasolina. Eso no era raro para uno, porque todas las personas vivían de eso.

Yo asistía a una iglesia, entonces había días que tenía que ir ligero al pueblo. 

creci en medio

No recuerdo bien por qué me quedé sola en mi casa esa vez, pero mi familia sí estaba allá. 

Entonces yo iba de mi casa al pueblo, por el barrio La Paz, en Brisas, por ahí hay como una lomita y se miraba el cementerio hacia el otro lado. A los soldados ya los miré fue ahí, como a diez metros. Yo los miraba extendidos, caminaban como arrastrados, acostados, es decir, no sé cómo se movían, pero echaban balas y eso era durísimo. Ellos llegaron tipo cuatro de la mañana, como yo tenía que llegar ligero a la iglesia, pues me tocó presenciar eso. Fue como una emboscada, era un sonido tan duro, que a mí me cogió una tembladera, y tembladera, y yo era ¡Dios mío! Esa vez habían dicho que iban a bombardear el pueblo, y al fin no sé qué pasó que no lo bombardearon, porque había mucha guerrilla ahí.

Pero no fue lo único. Recuerdo tanto la primera vez que viví esa experiencia, hubo un enfrentamiento de dos días, noche y día. Y echaban que cilindros, que bombas, que granadas, que ráfagas, bueno, todas esas cosas, hasta unos helicópteros andaban encima de nosotros, tirando balas. A veces queríamos meternos debajo de las camas porque uno no estaba acostumbrado a eso. Yo aún estaba muy pequeña, y pues me crecí en medio de ese conflicto entre soldados y la guerrilla. 

618798Cuando yo nací mi mamá tenía cáncer, y murió, entonces yo me crie con otra señora, mi papá y mis hermanos. Ahora mi papá tiene ochenta años y mi mamá tiene setenta, y yo tengo veintiuno. Me vine acá, a la ciudad, a trabajar en lo que se pudiera, en lo que fuera, en lo que salga y a tratar de salir adelante y estudiar. De Brisas salí cuando tenía dieciséis años. Cuando llegué a Popayán fue un trauma, yo no sabía nada de esta ciudad, ni por donde andaba, nada. Llegué a trabajar a una casa de familia, fue mi primer empleo. Los primeros días me colocaban poco oficio, después ya me fueron aumentando y aumentando, y así fue mi vida, en casa de familia trabajando.

Allá en Brisas, una vez la guerrilla hizo un paro porque el gobierno quería erradicar la coca. Entonces dijeron: los mayores de catorce años tienen que ir obligatoriamente, ¡Todos para allá, todos para allá!, gritaban. Incluso el pastor de la iglesia donde yo asistía, no lo dejaron hacer el culto siquiera. A mí, personalmente, me dijeron: “los mayores de catorce años al paro”, y precisamente tenía catorce, y a mí me tocó ir. Tenía que hacerles almuerzo, incluso estarme allá, porque tocaba estar sentado ahí. De pronto hubo un momento en que se enfrentó la gente de civil, milicianos les decían a ellos, contra los erradicadores. Las balas nos caían a los pies y levantaban el polvo. Nosotros nos pasamos por debajo de un cerco, no supimos ni cómo, y nos metimos como en una cueva, pero aún las balas nos echaban tierra encima.

Por esa zona del Patía estuvo el octavo frente de las FARC, que estaba comandado por Ramírez. Ellos eran quienes apoyaban todos esos paros en toda esa zona. Ese frente de las Farc se acabó, pero después entraron los paramilitares. Por allá también hizo estragos esa gente. Pero luego la guerrilla volvió y cobró fuerza y acabaron con los paramilitares. Entonces fue ahí donde ellos entraron en paro, el paro que les cuento, en el que me fui por esas montañas. Ahí se reunió casi toda la cordillera, había gente de Argelia, Santa Cruz, Beldaña, La Mesa, de la zona del Patía. Nos tocaba caminar hartísimo, porque eran montaña, y esas montañas uno las veía de lejos y parecía una ciudad, por la cantidad de gente que había.

niñosenconflictoarmadoDespués del tiroteo que hubo, la gente se calmó, porque según ellos ya se iban los erradicadores, pero lo que hicieron fue fumigar la coca, y por quitar la coca, fumigaban el café, la caña, y muchos cultivos se acabaron. Le hicieron un gran daño al medio ambiente, pienso yo. La guerrilla también apoyó un paro de los cafeteros, y lo sé porque a mis hermanos los obligaron a ir también. Ellos me contaron que les tocaba enfrentarse, les daban piedras; pero no armas, nada de armas, eso no les daba la guerrilla.

Nosotros teníamos dos fincas, y no sé cómo fue, pero hubo un incendio y una de ellas se quemó, se vino todo ese fuego por la loma. Yo estaba en la casa, pero la que se quemó fue la de arriba, donde teníamos el café. Los vecinos defendieron pero las fincas de ellos, la de nosotros se quemó. Y mi papá no alcanzó a hacer nada. En ese entonces, yo tenía dieciséis años. Mi papá ahora anda de hijo en hijo a ver quién le ayuda. Él trabajó toda su vida por esa finca y ver que se le perdió, es muy triste; pues, para él es muy triste, y a mí me duele verlo así.

Allá mataron mucha gente, y ahora está igual. Aunque ahora ya no están tan bravos como antes, porque no dejaban ni entrar gente, los sacaban a la calle, los mataban ahí, delante de todo mundo. Y así, cosas desastrosas que uno veía. Para uno de niña, eso era normal que sacaran un ladrón a la calle y decían que era por ladrón que le hacían eso.

Cuando llegué aquí, a Popayán, yo no salía, no tenía contacto con nadie porque todos se me burlaban de cómo yo hablaba, de cómo yo actuaba, pues en esos días tenía palabras que no eran tan comunes. La verdad, en Brisas nunca veía civilización o esas cosas, allá cada quien anda como pueda, y quién le dice nada. Pero acá ya pude acabar mi bachillerato, y en el colegio fue mucho lo que aprendí.

Mis metas de futuro son estudiar, ser alguien en la vida; quiero ser una persona diferente, que tal vez no piense en hacerle daño a las demás personas. Mi mayor sueño toda mi vida ha sido tener a mis papás con una casa, tenerlos bien, que no les falte la comida, que no les falte nada, tenerlos como unos reyes.

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