Historia de vida

Una Chef de Guapi para Colombia.

Desde pequeña supo que quería ser Chef; la cocina y las labores domésticas siempre le llamaron la atención, y relata que contar con el apoyo de su familia ha sido su mayor bendición.

Por: Julián Villareal

Juli villareal

Su pasión por la cocina se refleja en el sabor de los platos que prepara. Nunca asistió a una academia, ni realizó cursos de culinaria; todo lo que sabe lo aprendió directamente en las cocinas guapireñas y en la ‘universidad de la vida’. Tenía trece años cuando se fue de la casa decidida a convertirse, quizá no en la mejor chef sino, en alguien a quien todos recuerden por su arte: las comidas de mar.

Yajaira Castillo es una mujer afrodescendiente y oriunda de Guapi cauca. Su jocosidad sale a flote cuando se le pregunta por su vida y espontáneamente menciona alguna frase con algo de humor negro. Agradece lo que tiene y no pretende más, pues como ella misma dice: “pa’ qué buscarle más acelere a la vida”.

“Yo viví en Cali ocho años, cuando estaba el pasaje a $700. Luego me fui a Buenaventura y en el 99 llegué a Popayán recomendada para trabajar en un restaurante allá en el Cadillal. Sino que  a mí siempre me ha gustado tener mis propias cosas, así que luego me independicé y compré mi casa pa’ estar en lo propio”, declara orgullosa.

Aún vive con sus padres, doña Teodolina y don Nelson, y al ser cuestionada por su situación sentimental responde: “casada pero no capada”. Se indigna y frunce el ceño al ver su almuerzo servido –un ‘Tapao de pescado-, y observar la precaria cantidad de arroz que le sirven. “Es que ya saben que yo como bastante”, asevera refunfuñando.

“Ya tengo separado el stand pa’ la Feria Gastronómica en septiembre: $1.500.000. Necesito unos dos meseros y comenzar a avisarle a la gente pa’ que estén pendientes. Eso es muy bueno porque uno allá come, bebe y se mantiene en su ‘arrechera’”, asegura Yajaira y suelta una carcajada. Algo parecido vivió durante el encuentro de Colonias del Pacífico, celebrado en Popayán a la par con la Semana mayor. Yajaira no se daba abasto preparando alimentos, y aunque habían muchos más locales de comida, parecía que la gente sólo enfocaba el de ella, y en las noches, en vez de descansar se iba ‘entaconada’ y de ‘remate’ a una discoteca cerca al terminal de transportes.

Aunque no cuenta con un súper restaurante de comidas del pacífico, ofrece suculentos platos de mar desde su casa ubicada en el barrio El Empedrado, en Popayán. A diario, y sobre todo los días jueves, es visitada por gente de la Gobernación, la Alcaldía, abogados, empresarios, oficinistas y “Jesús, si me pongo a contarle de mis clientes nunca acabo”, asegura ‘La Polla’, como cariñosamente la llaman sus más allegados.

Sus días son como los de cualquier otra ama de casa; a veces ajetreados, a veces tranquilos. Se levanta a las seis de la mañana o “a la hora que las cobijas la suelten”. Se baña y sale a hacer mercado a la galería de ‘La 13’, luego llega a casa, descarga la remesa y se pone a ver televisión. Se desconecta por completo de la realidad mientras observa su telenovela favorita, ‘La santa diabla’, pues “yo soy muy novelera, yo soy vaga”, declara burlándose de sí misma.

Su madre es una mujer tranquila, creyente y muy amable, es la ‘mano de derecha’ de Yajaira. En la medida de lo posible, nunca se separa de su hija. “Yajaira nunca se sentaba ‘normalmente’, siempre lo que le gustó fueron oficios de casa, de mujer. Yo intenté cambiarla pero me dijeron que no, que la dejara vivir su vida tranquila y pues así fue. Los novios de ella vienen aquí a la casa, conversan con ella, pero yo no me doy cuenta de eso porque no me conviene. Yo no le paro bolas a la vida, entonces todo para mí es bien”, cuenta doña Teodolina.

“Alguna vez en Guapi, cuando ella estaba pequeña la molestaban y le gritaban ‘marica’; ella se enojaba pero yo le decía que no les parara bolas porque cada uno es lo que quiere ser”, declara doña Teodolinda orgullosa de su hija, y remata diciendo que: “siempre le enseñó a Yajaira a respetar, porque la cultura de uno es su lengua”.

En la cabecera de su cama tiene algunos ángeles y arcángeles colgados, rodeando el retrato de la Virgen del Carmen, quien según ella, la cuida de todo mal y peligro. “Ay no, mejor voy a cambiarla de ahí porque ella ha de ver todos los pecados que cometo”, dice entre carcajadas aquella que goza cada momento compartido, que no se olvida que alguna vez fue un niño y que en su dieta diaria no come otra cosa que no sean pescados y mariscos, pues como dice Yajaira: “así no se me acaba la ‘arrechera’ y el ‘corrinche’”.

 

 
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