Una semana a través de María del Jesús

Por: Alejandra Sandoval

27 de abril de 2015

SemanaMariadelJesus

La semana santa en Popayán como celebración tradicional, se caracteriza por diversos ritos  y costumbres, que con el tiempo perduran, se transforman o se acaban.

María del Jesús Holguín, mejor conocida como “jesusita”, tiene la costumbre de esparcir incienso por toda su casa cada viernes santo, desde que tiene memoria siempre ha seguido esta tradición que algún día sus padres le enseñaron. Y es que crecer a mediados de la década de los 40 la llevó a conocer el apogeo y la consolidación de las costumbres payanesas que venían desde el siglo XVI, por lo que sus padres la guiaron a ser parte activa de todas las celebraciones religiosas, de las magnas procesiones de las hablaban los poetas y escritores más importantes de aquél entonces, de las célebres eucaristías a las que asistían las mujeres con su particular manto negro de encaje sobre la cabeza, en respeto a Dios y al hombre como proveedor del hogar.

Todas estas tradiciones sumadas a una recia educación católica, más aún para una mujer con un apellido de abolengo de la que se esperaba fuera una fiel esposa y madre, o una religiosa consagrada, por lo que no es casualidad que su nombre coincida con el de la virgen y su hijo; casi la llevan a irse por los hábitos si no es porque el amor de su vida la rescata del convento. Así, ella continúa con la tradición y cada año durante semana santa llena la casa de incienso, velas, estampitas de la virgen y les enseña a sus cuatro hijos varones que la semana mayor, es un evento magno al que se le debe reflexión y recogimiento.

Jesusita, no solo riega incienso por cada rincón de la  casa, también invita a sus cuatro hijos y a su esposo a realizar el viacrucis en conmemoración a la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Por eso, cada viernes santo, todos se levantan muy temprano, se ponen sus mejores trajes y se disponen a pasar toda la mañana bajo el inclemente sol de Popayán, subiendo grada tras grada, hasta completar las quince estaciones que conforman el viacrucis. Para terminar esta semana de recogimiento, todos asisten a la misa del domingo, sintiendo que han dejado su alma en paz y han cumplido el propósito de renovar sus creencias.

Muchas familias, gracias a la tradición que viene de siglos atrás, llevan de generación en generación la carga, o para ellos, el privilegio de continuar con las costumbres que sus familias han cultivado, aunque si bien, el hecho de que esta ciudad haya sido proclamada como la Jerusalén de América y que sus procesiones tengan el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, no da por sentado que todos los habitantes tengan la firme convicción de participar de todas las actividades religiosas, de hecho muchas personas han llegado a sentir cierto hastío por la inmaculada imagen que se pretende presentar de la ciudad exclusivamente en esa semana.

Ahora bien, ¿cómo una sola semana al año se encarga de configurar una imagen y una cultura de la ciudad? Para las personas que habitan Popayán y no son participes de todos los actos solemnes y las tradiciones, no es pertinente que se defina a la ciudad por solo una semana, teniendo en cuenta que el resto del año se viven carencias y no se refleja la pureza y la grandeza que se les presenta cada año a turistas que vienen de todo el mundo, solo para apreciar el centro histórico y lo que él ofrece. Pero es usual que se identifique una ciudad por las celebraciones que esta brinda, así sean de tipo religioso.

Por ejemplo, muchos pueden no conocer los problemas sociales y estructurales de Barranquilla o Rio de Janeiro, pero saben qué días se celebran los carnavales, cuales son las figuras emblemáticas de los desfiles y qué música los acompaña. Así mismo, la personas suelen estar totalmente desinformadas sobre el contexto que rodea Popayán, tal vez piensan que todas las casas son de barro y tienen fachada blanca, tal vez creen que todas las calles continúan empedradas y que todo payanés ama sus procesiones. Pues las fotografías pretenden reflejar una ciudad colonial adornada de faroles y calles tranquilas que está muy lejos de la realidad. De esta manera, es usual que esa imagen que se pretende vender de la ciudad sea apropiada por los mismos que promueven y conservan las tradiciones como legado cultural y familiar.

Actualmente, familias como las de “jesusita” son contadas, pues es imposible que un contexto tan cambiante de ideologías y costumbres no influya especialmente a los más jóvenes a inclinarse por diferentes prácticas y creencias religiosas. Además las élites que conservan las tradiciones son más reducidas y más excluyentes por lo que muchos renuncian a acercarse a las iglesias, a las procesiones o cualquier lugar del centro histórico que es donde en esencia, se concentra la semana santa. Así se aplica algo que dijo Nietzsche respecto a la religión: “el cristianismo sólo fomenta valores mezquinos como la obediencia, el sacrificio o la humildad”.

  

primi sui motori con e-max.it