16 de mayo de 2018

Columna de opinión

La prosapia de Paloma y otros ilustres

A propósito de nuestras realidades sociales y electorales, este texto retoma la reflexión sobre los desacuerdos que diversos sectores tienen respecto de la tenencia de la tierra. También se hace referencia a opresiones históricamente consolidadas y al actual contexto político del país.

Por: Guillermo Pérez La Rotta

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Según la senadora Paloma Valencia, la coyuntura conflictiva con los indígenas caucanos reclama una separación de fronteras entre blancos o mestizos, y aquellas etnias. Los indígenas, por su parte vienen moviéndose en la dirección de integrar unos territorios con ciertas prerrogativas de poder, cultura y economía.

Esta confrontación tiene diversas dimensiones que obedecen a una tradición de centurias, pues de un lado, los grupos étnicos de la cordillera central desde los años setenta del siglo pasado han generado un proceso de avance de sus espacios vitales, como concepción de mundo, y ligando, como es natural, su visión a la tierra ancestral. Y los gobiernos han avanzado en el reconocimiento político, económico y legal de esos avances, pero ello ocurre dentro de permanentes conflictos, incumplimientos y negociaciones que demuestran que el centralismo, la inoperancia estatal, o la escasez de recursos, impiden un acercamiento más armónico, mientras los indígenas cada vez exigen más cosas a su favor y se toman la vía panamericana. Con lo cual alientan la animadversión de muchos en la ciudad blanca. Ojalá que los gobiernos entiendan que hay que cumplir para evitar esos paros, y que lo indios –y mi expresión es muy respetuosa– guarden más prudencia en esas acciones que son ambivalentes frente  a la ciudadanía.

Pero las declaraciones de la señora Valencia, así como del ex gobernador Guillermo Alberto González, que las avala, tienen más bien un tono para cuestionar. Según ella, la gente que es dueña legítima de sus tierras requiere tranquilidad y seguridad en el ejercicio de sus derechos de propiedad; y eso es muy  razonable. Pero si abrimos la cuestión de la tierra y el territorio más ampliamente, hemos de reconocer que en Colombia hay grandes irracionalidades respecto de la tenencia de la tierra, que deben ser objeto de ejecutorias de los gobiernos, y en ese horizonte, sabemos que hay fuertes intereses de grandes propietarios para que esas estructuras y tradiciones no se transformen.

En debate con esas posturas, sería muy loable que se pudiera avanzar en la ejecución de los acuerdos con la guerrilla. Y además, distribuir o legalizar tierras  para los indígenas, que crecen en la afirmación de su cultura y reclaman más espacio. Cuestión muy difícil, pero que hay que mirar hacia el futuro, sobre todo si pensamos en los cuatro primeros puntos del Acuerdo de la Habana, que procuran atender aspectos vitales sobre el agro, la formalización de la propiedad, la tributación, la devolución de las tierras despojadas, la racionalización de la frontera agrícola y la disminución de la tierra para ganadería, así como la productividad para el grande, mediano y pequeño empresario del campo; pues todos estos elementos entran en el origen complejo del conflicto que se pretende resolver hacia el presente y el futuro.

La prosapia de Paloma y otros ilustres 3.jpgEl partido de la senadora se opuso enfáticamente a ese acuerdo, con el pretexto de rechazo a la impunidad de que gozarán los “bandidos”, pero detrás de esta posición hay claramente intereses recalcitrantes, con el señor Lafaurie a la cabeza, que no aceptan ningún cambio sobre el agro, y en el debate minimizaron la importancia de esos cuatro puntos iniciales del acuerdo. Entonces consideran a Santos traidor a la patria, y hasta postularon la desobediencia civil, además de todas las trampas posibles para torpedear los acuerdos, con relativo éxito político.

Y si abrimos aún más el panorama, podríamos argumentar que ante el viejo centralismo de este país habría que hacer grandes cambios para dar aliento y cierta autonomía a las regiones (Y esto sería objeto de una Constituyente). Pero ello no debe confundirse con regionalismos o racismos, como los que se movilizan en Antioquia para que este departamento se separe de Colombia, o la idea de la senadora Valencia, que más parece responder a ese imaginario colonial, labrado profundamente desde la acción de su ilustre ancestro que combatió al indio Quintín Lame hace unos cien años.

En un cuadro que aparece en el Paraninfo Caldas se advierte aquella naturalización de la opresión, aquel paternalismo ridículo que da una palmadita al indio en la espalda, ese falso humanismo de la República de élites que se consideraban con sangre azul, y que entre otras cosas, retrasaron el desarrollo capitalista del Cauca. A ese imaginario es que pertenece la señora Valencia. Y su líder la cobija con parecido paternalismo, y atrae a todas las fuerzas más tradicionales que nos recuerdan viejos lemas sectarios, resonando en palabras de la señora Marta Lucía Ramírez,  cuando Duque quedó como candidato presidencial: “aquí lo que hay es una crisis moral”. Así decía Laureano. ¡La crisis moral! ¡Hay que salvar a la República! Pero la moral hace mucho que está extraviada, porque la política es aquí y en todas partes, la del “todo vale”. De modo que la señora Ramírez y su jefe tienen un rabo de paja enorme, y basta con recordar la operación Orión donde ella fungió como ministra del caudillo. Igualmente atraen a sus filas a un ex procurador que persiguió gays y pensamientos liberales en pleno siglo XXI, o una senadora Morales que sueña con un estado confesional y promovió un debate para que una pareja de gays no pueda adoptar un niño, porque la ley natural y divina lo reprueban.

Todo esto cabe en la coalición que lidera Uribe, incluido el oportunismo mediocre de Pastrana, que fracasó rotundamente en su proceso de paz. Pero lo que en realidad quieren es perpetuarse en el poder y avanzar en su objetivo de borrar o neutralizar lo que otro hombre de la oligarquía, Juan Manuel Santos, logró como progreso de este país, un acuerdo de paz, que es el comienzo de muchas cosas buenas para Colombia. 

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