27 de abril de 2018

Tercera edad

La soledad después de un largo camino

El abandono al adulto mayor se ve reflejado en el número de personas que tienen los ancianatos. Dentro de los asilos se realizan actividades para aliviar un poco una situación que no es fácil de sobrellevar. A mayor población de la tercera edad, mayor abandono. 

Por: Jennifer Enríquez 

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“Aquí, luchando para no morir”, dice don Jorge Muñoz  cada vez que alguien le pregunta por su estado. Él es uno de los 109 ancianos que viven sus días de vejez en el Hogar Divino Niño Jesús de la ciudad de Popayán.

El abandono es el descuido que se da por parte de los familiares hacia algunos de los miembros de su familia. El abandono que sufre la tercera edad es una dinámica que se vive a diario, son innumerables las historias que existen sobre el desplazamiento o destierro del núcleo familiar, historias que describen la realidad de miles de adultos mayores.

La directora del ancianato Divino Niño Jesús, Sor Aura María Caro promueve actividades que se realizan dentro del asilo en pro de los ancianos que residen en la institución. “El objetivo de estas actividades es hacer que cada adulto mayor olvide por un momento su soledad y los recuerdos que lo llenan de tristeza por estar en un lugar donde no conoce a nadie”, dice.

Pero estas actividades no son suficientes para llenar el vacío que cada anciano lleva dentro. Los recuerdos y la esperanza de ver a su familia es el pan de cada día en estos lugares. Todos los sentimientos van acompañados de soledad y de creer que como personas son inservibles. Así lo manifiesta don Jorge cuando con voz entrecortada dice: “A pesar de que convivo con muchas personas viejas como yo, me siento solo. El hecho de que uno este acá es porque ya no sirve y más aún cuando ya no se tiene a nadie quien le dé ánimo”.

Pobreza y olvido

Una de las razones por las cuales las personas de la tercera edad llegan a un ancianato es por cuestión de pobreza. Muchas veces en las casas no alcanza para el sostenimiento de todos los miembros del hogar y menos aún cuando hay una persona que consume y no aporta nada económicamente debido a su edad.

“El otro día tuvimos que ir a ayudar a una abuelita y traerla al ancianato porque su casa se estaba cayendo”, dice Sor Aura María. Treinta de los 109 adultos que están internados en el ancianato Divino Niño Jesús pertenecen a población de bajos recursos.

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Otra de las razones es porque carecen de salud. Hay familias adineradas que por cuestión de trabajo no pueden cuidar de los adultos mayores que pertenecen al núcleo familiar. Algunos ancianos que pertenecen al asilo padecen de enfermedades como alzheimer, artrosis, párkinson, demencia senil, etc. Pero según Magda Ruiz, fisioterapeuta de la institución, la mejor terapia es que ellos vean a su familia. “Cuando los familiares vienen a visitarlos la alegría de los viejitos es inmensa. Sus ojos les brillan y es como si por ese momento se olvidaran de todos sus males”.

“Dicen que tengo alzheimer, pero yo no creo”, dice doña María Elena Echeverría. Ella es una de las 66 mujeres que viven en el Divino Niño Jesús. Tiene 62 años y llegó hace más de un año. Son pocos los recuerdos que están grabados en su mente. “Tengo dos hijos: mi hija está en España y a mi hijo no lo veo hace mucho tiempo. Álvaro, mi esposo me dejó acá para irse con sus amantes”. Ella y dos personas más de la tercera edad padecen de esta enfermedad.

La tercera edad se repliega o es desplazada a un rincón del hogar, reduciendo su mundo social y provocando en la persona repercusiones tales como abandono familiar y social, aislamiento y cambios en los lazos afectivos y en los estados de ánimo. La soledad es la problemática más evidente en los adultos de la tercera edad.

“Los familiares muy poco vienen a visitarlos, vienen a dejarlos pero después, uno no los vuelve a ver. Por eso es que, como institución, estamos activos con las dinámicas de recreación e integración para contribuir un poco a su

estado de ánimo”, dice la coordinadora del ancianato Divino Niño Jesús.

Los adultos mayores, a pesar de su edad y su soledad tratan de sobrevivir en este lugar que ha sido su segundo hogar.  “Vivo aquí en el ancianato hace 7 años, tengo 73 años y he trabajado con madera y cerámica desde hace mucho tiempo, hago mis obras dentro de la institución y las vendo en las tiendas de artesanías”, dice don Ever Ruiz.

La sociedad envejece

Según el Dane, la población de la tercera edad en Colombia cada vez aumenta con más rapidez. Si en la actualidad la cantidad de mayores de 60 años se incrementa anualmente en cerca de 80 mil personas, hacia el año 2030 el incremento anual de la misma será cuatro veces mayor. Así, en el 2050 los mayores de 60 años habrán sobrepasado a los menores de 15 años en cerca de un millón de personas.

“Contamos con habitaciones exactas para el número de ancianitos que hospedamos. Afortunadamente no hemos dejado de ayudar, pero creo que son muchos los que faltan”, dice Sor Aura María. De acuerdo con el Dane, hoy los hombres en Colombia viven 72 años en promedio y las mujeres alcanzan los 78 años, mientras que en 1950 ellos no alcanzaban los 50 años y ellas apenas llegaban a los 52.

 

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Antes de llegar a la vejez, las personas ya están pensando en cómo será su salud, su estado socioeconómico y en quien será su compañía. Cuando llegan a estar en la etapa de la tercera edad, sienten lo que habían temido antes de llegar a ser ancianos. “Algunos de los ancianitos que aún están bien se empiezan a trabajar mentalmente como si padecieran las peores enfermedades. Ellos son como niños, a veces se quejan cuando en realidad están bien. Y esto se debe a que tienen muchos temores, como estar solos cuando quieren que alguien los esté cuidando. Pero acá tratamos de que estén bien en todos los sentidos”, afirma Magda Ruiz.

La sociedad cada vez aumenta y con ella las distintas poblaciones a ritmos diferentes. El número de adultos mayores crece con furor y también crece proporcionalmente el abandono de estas personas. Actualmente se desarrollan políticas públicas para el mejoramiento de la vida de las personas de la tercera edad. De alguna manera los gobiernos nacional, regional y local tendrán que formular e implementar políticas públicas para esta población. Entretanto, muchos ancianos siguen añorando y esperando a su familia.

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