08 de marzo de 2018

Estigma y poca difusión

¿Un deporte sólo para hombres?

¿Cuáles son las razones para que el fútbol femenino no tenga una aceptación ni un despliegue mediático similar al masculino? En esta columna de opinión se reflexiona sobre ello y se propone  la reivindicación y la visibilización de este deporte que ya es practicado por mujeres en todo el mundo.

Por: Nicolás Mateo Ulloa Quilindo

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Mexico. 1986. Argentina disputa los cuartos de final de la copa del mundo contra Inglaterra. “Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga... ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta... Gooooool...”

Se acababa de marcar unos de los mejores goles de la historia del fútbol.

¿Recuerda alguna vez un acontecimiento así en el futbol femenino?

La respuesta es un rotundo no.

¿Por qué se presenta este hecho?

Desde sus inicios el fútbol femenino ha sido un deporte maltratado, discriminado, ninguneado y un montón de adjetivos más que ponen en evidencia el claro machismo que existe en este deporte. Los prejuicios que aún existen en la sociedad son el detonante para la lenta progresión de esta actividad física.

En general, los medios de comunicación a nivel mundial sólo se ocupan del fútbol masculino. Algunos le dan cabida a otros deportes como el tenis, el baloncesto y los deportes a motor pero a nivel superficial. A no ser que se trate de una competición de talla mundial, ninguno de estos deportes alcanza la repercusión que tiene el fútbol. Pero de esta disciplina, en su versión femenina, casi no se habla.

Ejemplo de esto es que el equipo francés Olympique de Lyon es el actual campeón de la UEFA Champions League Femenina y con la obtención de este título suma ya cuatro en su palmarés. Pero en torno a este hecho, la actividad de los medios ha dejado mucho qué desear. Ahí empieza la problemática. Y se tiene que hablar más de ello no solo por cumplir o porque sea políticamente correcto sino porque las deportistas hacen los suficientes méritos para salir de la invisibilización.

El fútbol femenino, de manera oficial, empezó mucho después del masculino. Prueba de ello es que el primer mundial en el que compitieron mujeres se desarrolló en 1991 en China, casi 60 años después del primer mundial de hombres celebrado en Uruguay en 1930. Si bien hubo ejemplos en el siglo pasado (en los años 20 un club inglés femenino, Dick, Kerr's Ladies F.C. llenaba estadios por todo el Reino Unido) la Football Association argumentó que el futbol no es un deporte para mujeres y prohibió que practicara en campos donde jugaban los hombres. Tal decisión estancó, evidentemente, al futbol femenino.

 

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Dick, Kerr's Ladies in 1921

 

El machismo se presenta en casi todos los aspectos sociales y los deportes no son la excepción. Y menos, el fútbol. Tal situación se evidencia en los estadios y hasta en los campos de barrio a través de frases como “tiras como una mujer” o “una mujer patea mejor que tú”, entre otras muchas. Subestiman así las cualidades que puede tener una mujer dentro del terreno de juego. Un ejemplo significativo es la denuncia de una árbitro española en la cuenta de twitter al maltrato verbal machista que tuvo que sufrir cuando hacía parte del equipo arbitral de un partido amateur. Frases subidas de tono fueron dichas por parte de niños que no superaban la mayoría de edad.

https://twitter.com/evaalcaide28/status/937433838044794881?lang=es

Otro ejemplo se presenta con los ultras del Olympique de Lyon. En un partido de su equipo versus el Lille, sacaron una pancarta que decía: “Hombres al estadio, mujeres a la cocina”. Se desconoce cuáles fueron los motivos pero nada justifica esta acción. Los ultras pretenden ignorar, además, que el equipo femenino del club ha cosechado en menos tiempo más títulos internacionales que su similar masculino. Que hagan este tipo de manifestaciones demuestra lo mal que se encuentra la sociedad.

 

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Una de las bases para la educación es la familia y, muchas veces, si una mujer habla de fútbol con sus padres o familiares la tildan de machista y argumentan que esta actividad es sólo para los hombres. El ejemplo empieza desde casa y la sociedad debe anular el estigma de que las mujeres no pueden practicar ni hablar de este deporte.

Aun en tal contexto, poco a poco las cosas van mejorando. En Colombia es obligatorio que un club profesional tenga un equipo femenino y esta temporada se está generando ilusión con ello. Los fichajes animan al público y los horarios de fútbol masculino con los del femenino no se cruzan. Que haya transmisiones por el canal Win Sports es un gran paso de Colombia y genera audiencia.

La última final del futbol colombiano fue entre Santa Fe y Huila y se jugó en el mítico estadio El Campin de Bogotá. Al encuentro asistieron aproximadamente 30 mil personas. Para 2019 todos los equipos que participen en la edición de la Conmebol Libertadores tienen que tener su similar femenino, sino de inmediato se suspende su participación. Esto es un paso importante para el crecimiento de este deporte no solo en Colombia sino a nivel mundial.

Es difícil que en un futuro cercano o medianamente cercano el futbol femenino pueda tener la misma repercusión que el futbol masculino, ya que este tiene mucha tradición y un gran bagaje histórico. Cuando se empiece a hablar de futbol femenino evidentemente crecerá el porcentaje de aficionados a este deporte. Entonces, para los fanáticos habrá dos opciones. Uno: el futbol masculino, quizá un poco más fuerte, físico y táctico. Dos: el futbol femenino, un poco más técnico.

En los últimos dos o tres años el fútbol femenino ha notado un crecimiento si lo comparamos con lo que pasaba hace 30 años. Sin embargo falta aún mucho camino por recorrer. El cambio no solo depende de los medios de comunicación, los hinchas o los futbolistas. Empieza, en realidad, por nosotros, quitando estigmas que ha impuesto la sociedad y generando equidad. ¿Usted está dispuesto a contribuir con ello?

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