A favor de la discriminación

Y después de tanto tiempo seguimos pasando por encima de la Constitución, de sus artículos y de los seres humanos.

Columna de opinión de Carolina Moreno
4 de Julio de 2015

A favor de la discriminación

A menudo comento acerca de lo que significa el libre desarrollo de la personalidad que tanto se resalta en las clases de ética de nuestras instituciones e incluso en la misma Constitución Política. La catedra de “aceptar” a todas las personas y respetar sus diferencias, parece quedar congelada cuando nos referimos a los homosexuales y más aún en la ciudad de Popayán.

Pero, ¿Qué podría esperarse de una cuidad a la que se le considera la Jerusalén de América? Quizá podríamos esperar tolerancia y aceptación, así como una vez Jesucristo nos aceptó sin mirar diferencias, pero no es así. Por el contrario, Popayán parece estar  favor de la discriminación de las personas homosexuales.

Como si se tratara de la conducta más inculta, los tradicionales payaneses pasan por encima de tan preciados artículos que comentan acerca del libre desarrollo de la personalidad e igualdad, además de atropellar la dignidad de los seres humanos, que como ellos, supongo yo, también respiran, comen, hacen sus necesidades y además sienten.

Las prácticas gay que parecen desafiar una sociedad tradicional, se encuentran censuradas y con frecuencia se puede observar como cobra veracidad una frase típica de los jóvenes liberales: “Popayán, ciudad de paredes blancas y conciencia negra”, que además deja ver la cruel realidad donde nuestros semejantes, personas común y corrientes, pasan a ser vistos como los grupos disfuncionales que son rechazados socialmente.

Lo interesante de la discriminación que se le hace a la comunidad gay es que es tan notoria y deliberada, que la alcaldía no aprueba los establecimientos que promuevan las relaciones entre personas del mismo sexo, esto refiriéndonos al centro histórico, donde se percibe un aparente equilibrio social. Y es que la mayoría de los lugares gay que se han abierto en la ciudad, han sido cerrados y marginados por los mismos habitantes de la urbe payanesa, quienes rechazan esta inclinación sexual; sin omitir tampoco el rechazo que los homosexuales enfrentan en las diferentes instituciones donde se tienen que adaptar como si fueran inferiores a las personas heterosexuales.

Tal perece que el problema radica en que no aceptamos a nadie que no cumpla con nuestro modelo ideológico de vida, lo que nos lleva a convertirnos en una sociedad no solamente atrasada en cuanto a pensamiento, sino además en intolerante y sin cabida al progreso, ya que este se construye desde cada uno de nosotros, desde adentro.

El conflicto interno que hoy tengo, es al pensar que la discriminación que se hace presente en el día a día de las personas homosexuales, no solo es unidireccional sino que existe una autocensura por parte de la misma comunidad gay, lo que comprueba además que la aceptación social se ve mediada por la aceptación individual de ideales y costumbres.

Para ir finalizando esta breve columna, es importante resaltar que el compromiso que tenemos como seres humanos de respetar la dignidad de los demás, juega un papel importante en el acto de construir cultura y sociedad y quizá, esto es lo que explica el por qué hay ciudades que han progresado y llevado su calidad de vida al tope a diferencia de muchas otras ciudades, que mal llamadas tradicionales, promulgan la discriminación, la intolerancia y la desigualdad.

  

 

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