08 de marzo de 2018

Fuerza de mujer

Madre e hijo en el Humilladero

Madrugar y viajar de Timbío a Popayán es, desde hace dos años, la rutina de Enza María y su hijo de diez años. Ellos venden lulo y tomate de árbol en el Puente del Humilladero y esa es la única fuente de recursos para sustentar a una familia numerosa. Su día a día es un desafío sin certeza alguna.

Por: Yuliana Andrea Paruma Muñoz 

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Desde las cuatro de la mañana, Enza María Piamba, una mujer de cuarenta y tres años, sale de su casa en la vereda Belén rumbo al terminal del municipio de Timbío. Se traslada a la ciudad de Popayán a comprar, en la galería del barrio Bolívar, un guacal de lulo y tomate de árbol para revender en el Puente del Humilladero. A su lado siempre esta Estiben García, de 10 años, su hijo y compañero de lucha. Los dos se encargan de limpiar y empacar la fruta que posteriormente será exhibida en un canasto.

Enza María es madre soltera desde hace mucho tiempo, pero esto no le ha impedido sacar adelante a sus seis hijos, de los cuales sólo dos viven con ella. “Yo vivo con los más pequeños y una nieta”, dice, con la voz quebrada. Sus ojos se humedecen cada vez que habla de lo difícil que son los días para ella y su familia. Salió de su municipio hace dos años a aventurarse en Popayán porque la competencia en la plaza de Timbío es mayor ya que es un pueblo pequeño donde la mayoría de los habitantes viven de la venta de revueltería.

Las cosas no han cambiado desde ese tiempo. Cada vez es más duro. “Algunas veces prefiero voltear en el centro para poder vender porque cuando me quedo en un sitio no se vende casi”, afirma. De lo que venda en el día recoge para almorzar, para el pasaje, para “el gota-gota” y para la comida de los que la esperan en casa.    

La presión de Enza María aumenta cuando, para poder comprar lo que revende, se ve en la necesidad de pedir prestado a los “gota-goteros”, aquellos que prestan dinero rápido y cobran diario la cuota pactada. El miedo y la preocupación son constantes porque obligatoriamente debe reunirles y no puede fallar o se metería en problemas.

 

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Diariamente se embarca en un desafío y ni ella ni su pequeño compañero saben qué les va a deparar la jornada. A las siete de la mañana ya están en el Puente del Humilladero dispuestos a vender lo que han comprado. Esperan que el clima les favorezca para así conseguir lo del almuerzo. “Dios no me ha desamparado nunca, siempre he podido reunir el dinero diario que necesito aunque a veces no lo reúno en la mañana, por eso compro café con pan y ese es el almuerzo para el niño y para mí”.

Estiben la acompaña sin reproches. Es un niño sonriente pero callado y observa con timidez a quienes pasan a su lado. Si tiene hambre no lo hace saber a su madre para no preocuparla, pero a veces no aguanta mucho y con voz suave y baja le habla al oído y le hace saber que tiene apetito. Él sabe que por el momento sus estudios se han detenido, pero no le importa pues ayudar a su madre es lo más importante.

Enza María es, sin duda, una mujer esforzada y valiente que no ha dejado de luchar y no se rendirá nunca. Y es, además, un ejemplo para los suyos, una de las tantas mujeres que han decidido salir adelante solas pese a las  situaciones difíciles y tristes que ha vivido.

Mujeres así son heroínas de lo cotidiano haciendo frente a un contexto adverso. A ellas, los problemas y el miedo no las doblega sino que las hace más fuertes

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