08 de marzo de 2018

Estar como en familia

“Te los llevas para toda la vida”

Vivir en las residencias femeninas de la Universidad del Cauca entraña una lucha permanente por lograr bienestar y alcanzar un alto desarrollo académico. Testimonio sobre este espacio de estudio y de compartir que termina siendo para los estudiantes “como una segunda casa”.

Por: Juliana Vidal Mayor

 

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Mi nombre es Melisa Rodríguez y soy estudiante de enfermería de la Universidad del Cauca. Soy una de las beneficiarias del programa de residencias universitarias femeninas y actualmente soy la representante de ellas. Vengo de un municipio que se llama Balboa, que es del departamento del Cauca, y pues mi mamá se ganaba un salario mínimo y me tenía que mantener a mí, a mi hermano, a un primo, a la mamá de él que es discapacitada y a mi abuela, y se tiene que hacer cargo además de la casa de allá. Entonces le quedaba supremamente difícil darme toda la manutención, por lo que accedí a este programa que da la universidad.

Residencias universitarias femeninas tiene 24 cupos en este momento, pude ingresar y las chicas que ya eran residentes antiguas me recibieron, me contaron cómo era toda la dinámica. Que este era un espacio de lucha que siempre se ha tratado de mantener. Me contaron todos los riesgos que vivir aquí conllevaba, también de todas las responsabilidades que se adquieren, que es defender el espacio, luchar porque muchas estudiantes gocen de estos beneficios que, la verdad, permiten que tengamos un desarrollo académico muchísimo mejor.

Vivir en residencias es una experiencia muy bonita. Las personas que tengan esa necesidad no se pueden cohibir por lo que dice la gente. Se suele escuchar: “no, esas residencias son la cosa más horrible del mundo”, y no, ya estando uno acá se da cuenta que las cosas no son así. Residencias es un espacio para compartir, un espacio de lucha, un espacio de estudio y un espacio que definitivamente hay que cuidarlo para que siga sirviendo como una segunda casa a muchas otras personas. Al final uno termina considerando a las chicas que están con uno como la familia, y ya cuando no están, hacen falta.

Estar aquí es siempre estar en una constante lucha por mejorar. Entre las chicas estamos muy organizadas: se han hecho actividades para recoger fondos con lo cual se compran cosas para mejorar las condiciones de vida. A nosotras nos toca prácticamente ‘guerreárnosla’ para poder seguir adelante y poder lograr una meta, y me parece muy chévere este espacio, porque todas las personas que estamos aquí luchamos, de una u otra manera, por este lugar. En residencias femeninas se han logrado hacer muchas mejoras y ha sido gracias a nuestra constancia porque no ha sido solamente pedirlo, sino que hay que hacerle seguimiento, ir todos los días y decir: “sí, esto ya lo van a hacer, esto tal cosa, esto cómo va”. Por eso nosotras hemos logrado cosas en este espacio que anteriormente no se habían logrado.

Acá se promueve que todas las estudiantes tengan el derecho a opinar, a decidir qué se va hacer y a decir sus pensamientos, y así cuando se toman decisiones siempre es democráticamente: “lo que diga la mayoría de las chicas”. Pero de todas formas se ha tenido en cuenta a las personas que no han querido colaborar o demás situaciones que generen molestia entre nosotras. Entonces se trata como de mediar y llegar a un acuerdo. Pero el hecho es que todo esté lindo y ameno, porque es como si fuera nuestra casa, aprendiendo siempre a convivir con todas y a organizarnos. Eso es lo más chévere, porque desarrollamos aptitudes y habilidades que tal vez nosotras no teníamos antes de llegar acá.

Pero para mí, como lo mencioné anteriormente, lo más bonito de estar en residencias es que las amistades que uno se lleva de acá son muy chéveres. Uno conoce a los chicos de residencias, conoce al personal administrativo de la universidad y prácticamente te sales del contexto, como de esa rutina. Y a quienes conoces aquí, te los llevas contigo para toda la vida, porque de verdad se convierten como en tu familia.

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