20 de septiembre de 2017

Disciplina, orden y humildad

Fútbol profesional: un sueño difícil

Tez morena, 21 años de edad y 1.81 metros de estatura. Jhon Sebastián Ortega, oriundo de Popayán, lleva más de la mitad de su vida jugando fútbol. Varios altibajos en este deporte le han enseñado a ser el volante central que hoy en día sueña con llegar a la liga profesional. Testimonio sobre su experiencia en este deporte.

Por: Lina Alejandra Palta

 

Sebastian Ortega - Futbolista.jpg

 

“En mi vida he jugado aproximadamente unos 15 torneos y del que más tengo recuerdos es del Pony Fútbol. Lo jugué a la edad de diez años. En ese tiempo yo apenas empezaba a entrar en este mundo y me llenaba de miedo por la organización del torneo y los equipos rivales. Inicié jugando como delantero.

Llevar la cuenta de los partidos jugados en 13 años es casi imposible, pero  todos se deben afrontar con el mismo respeto y garra. En la cancha todo es a otro precio, pues es ahí en donde se tiene que demostrar todo el esfuerzo que por años se ha logrado en cada entrenamiento. Rutinas en las que la jornada inicia a las seis de la mañana y que se complementa con clases en la Universidad durante todo el día.

Soy Jhon Sebastián Ortega Mosquera, el capitán de “Juventus”, equipo en el que milito. Pertenecemos a la tercera división del fútbol profesional colombiano y antes de entrar a cada partido la preparación física debe ir de la mano de lo psicológico, pues aunque ya sean muchos años jugando este deporte, los nervios suelen jugar malas pasadas.

Mi proceso en el fútbol ha sido bueno, pero no excelente. Desde muy pequeño empecé a practicarlo con el sueño de todo niño que es llegar a algo importante y en todos estos años que he entrenado no se me ha presentado esa oportunidad de estar donde esperaba, jugar en la profesional, ya sea por la falta de oportunidades a nivel local, cuestiones personales o una lesión en el momento más inoportuno. Pienso también que influye mucho la liga en la que uno juegue o  donde entrene. He aprendido que para poder llegar a un nivel más alto  es importante la cantera de donde salga, eso es lo que ven los equipos. Una cantera buena del país como la del Cali, Nacional, Envigado, América y Quindío.  Porque es muy difícil que vengan empresarios a Popayán a decir: sí, yo me llevo ese niño. Esas cosas no pasan en la ciudad, porque a esas personas no les interesa invertir acá.

Hay un lado sucio en este deporte, muchos pagan para que sus hijos sean incluidos en un plantel profesional, quitándoles la oportunidad a buenos jugadores con limitaciones financieras. Además de eso, los empresarios que tienen dinero prefieren apostar por otras cosas, pues ni siquiera el equipo de la ciudad se encuentra en la primera división. Si forman selecciones para jugar torneos nacionales solo las apoyan durante el proceso, después de eso abandonan los patrocinios. No se tiene continuidad y por eso no se ven los resultados. La verdad es que el fútbol aquí en el Cauca no se valoriza.

Llegar a liga profesional no es fácil. Es necesario un proceso de formación desde la infancia que permita construir lo más importante en un niño: su técnica, y así poder buscar lo más pronto posible un lugar en algún equipo bueno. Juego en mi posición actual porque en un partido que teníamos en Santander hace unos años, uno de los centrales tuvo un problema, en ese tiempo me desempeñaba como volante y el profesor consideró que podía destacarme en esa posición y así fue, jugué bien, entonces desde ahí empecé como defensa central.

El fútbol me ha dejado muchas satisfacciones, tanto alegrías como tristezas y eso es lo que lo hace bonito. La última oportunidad de salir de la ciudad a comienzos de enero se vio frustrada debido a que me lesioné el ligamento colateral. En ese partido hice un cierre de fuerte impacto, cuando me volví a acomodar a la posición me siguieron atacando, entonces salte a cabecear y cuando regresé al suelo la rodilla se me bloqueo. Yo grité: ¡la rodilla! En eso llegó la fisioterapeuta a revisarme, apenas le vi la cara me di cuenta que me la había dañado. Me puse mal porque estaba perdiendo quizá una de mis últimas oportunidades a mi edad de debutar en la profesional en los equipos de Orsomarso, Atlético y  Cortuluá.

Si yo hubiera sido más loco habría llegado a ser futbolista profesional, pero empecé a estudiar muy rápido. Me presenté a la Universidad del Cauca en el 2013 y no pasé, entonces tomé vacaciones pensando en entrenar duro para ver qué me salía en el fútbol, pero mi mamá me decía que sin estudio no me quedaba, entonces entré a la Autónoma. Yo siempre le decía que apenas me saliera algo en el fútbol me iba y dejaba en pausa la carrera, pero por cosas de la vida ya estoy en noveno semestre.

A mí me iban a hacer un “chancuco” para poder jugar en Panamá, un señor me lo propuso, pero yo no quise. Ahora le arreglan los papeles a los pelados y quedan como un ciudadano nuevo que no ha hecho nada más que jugar fútbol, le cambian el nombre y la edad. Pero eso se ve hasta en las mejores ligas, en las que se rumora que a jugadores famosos también les cambiaron la edad.

Por mi parte, yo seguiré entrenando todos los días a las seis de la mañana, porque este deporte es cien por ciento disciplina. No pierdo mis esperanzas de jugar en la liga profesional. A mi edad muchos lo han logrado”.